Me gusta que hayas descubierto mi fobia a las relaciones humanas, mi fobia y mi admiración a la sinapsis que pueden hacer dos corazones.
Mi miedo injustificado al desenlace de esa conexión, como si se desintegrara más allá de los que participan en ella. Como si se pudiera manejar todo menos el final.
El miedo incontrolable de lo incontrolable de tu deseo de dejar de acabar juntos para acabar conmigo, con lo nuestro, para interrumpir el chispazo, ese segundo prolongado en el tiempo.
El terror incontrolable y la certeza sin fundamentos que este segundo que se está volviendo delicioso e infinito, solo fuera un segundo, una sinapsis, una descarga eléctrica efímera, como todo lo que está a nuestro alrededor.
El miedo insoslayable de ver como a nuestro alrededor no hay más que hermosas burbujas de colores que sólo les resta explotar, como las mariposas que no tienen otro destino más allá que morir al cabo de un día. Y las burbujas explotan y las mariposas mueren pero eso es a nuestro alrededor, porque el segundo se volvió infinito y no somos ni burbujas ni mariposas.
Yo sólo voy a escribir historias/ensayos/pensamientos completamente ficticios basados en la realidad que nada tendrán que ver con lo que sucede a mi alrededor y que tendrán como inspiración las cuestiones más cercanas a mis indiscriminadamente ojos críticos.
miércoles, 24 de agosto de 2016
lunes, 25 de julio de 2016
Cliché 1
Esa preocupación por no querer ser obvio, por no querer ser
un tipo ideal más, por no querer ser un cliché es un miedo que muchos tienen
hoy en día. Parece que la originalidad y aquello que cuenta con la característica
de ser único son valorables en los humanos. Somos todos humanos pero cada uno
tiene su singularidad. Sin embargo, pienso que ese ser obvio, ese tipo ideal,
ese cliché por algo son eso. No salieron de la nada, de un invento, salieron de
la humanidad misma. Es decir que no sólo nuestras características netamente
biológicas nos dan la condición de humanidad: organizamos pluricelulares,
reproducibles, mamíferos, de la especie homo sapiens sapiens. La humanidad es
también dada por esas sensaciones que son un cliché, porque no le pasa a todos
pero le pasa a una gran parte y porque le pasa a una gran parte ya es un hecho
social. Los clichés, lo obvio, son simplemente una forma de catalogar a una
parte.
En realidad yo sólo
quería escribir sobre algo que me parecía un cliché y de alguna forma, por esa
necesidad típica ideal de querer ser
singular, me tuve que justificar entendiendo de dónde viene la necesidad de escribir sobre algo que ya
muchos han escrito, algo sobre lo que ya muchos han sentido, sobre algo que fue
tan obvio, tan románticamente obvio, en el sentido histórico de la palabra, que
ya no se habla mucho de eso.
Sentir excitación por un cuadro. Por una pintura y pensar
cómo en la mente y todo lo que se encuentra ahí inmerso también están aquellos mecanismos
que pueden generar excitación, que se podría pensar que deberían ser solo del
área de lo biológico porque tienen que ver con la necesidad de reproducción de
la especie.
Fue cuestión de haber tenido dispuestos los sentidos y
entregada sin restricciones a los estímulos que implican ver pinturas para
sentir cómo una de alguna forma me atravesaba, me conmovía pero sin saber muy
bien por qué, porque no sé nada de eso, porque no sé de materiales, de
técnicas, de colores, porque la ignorancia me permitió sentir muy fuerte sin la
urgencia de buscar una explicación que sustentara todo aquello que me
pasaba. Me conmovieron los colores y los
cuerpos que estaban pintados, me estimuló que sea tan diferente a lo que estaba
acostumbrada a consumir por el simple hecho de que me lo ponían en frente mío.
Esta vez yo había decidido y me había tomado el trabajo de colocarme en frente
de esa figura, en ese lugar, de buscar algo diferente al continuo de imágenes
que aparecen una detrás de otra.
Volví a mi casa, consciente de mis tetas porque no tenía
corpiño y hacía mucho frío, inquieta por lo erótico que me había resultado todo lo que había vivido. Erótico para mí
sola, en la intimidad de mi mente, pero compartiendo con otros un mismo lugar,
un mismo recorrido, un mismo tiempo, pero no sé si las mismas sensaciones
porque eso es propio, es del orden de lo oculto. Erótico en el sentido de
gestación del deseo, de intriga, de sed, de entender que los explícito no deja
nada por descubrir y que lo que yo había
visto había sido la sutileza de cómo creaban el deseo antes, porque la pintura
fue pintada antes de ahora, mucho antes.
miércoles, 8 de junio de 2016
Fragmento 1.
Escena
1
Una habitación con luz cálida y tenue. Es un living. Hay
una mesa con una máquina de escribir arriba y además una caja de costura, tiene
un atril para bordar y muchos hilos de colores de bordado. Alrededor de la mesa
hay 4 sillas. Al lado hay un sillón y al lado del sillón un equipo de música y
varios cds desparramados en el piso.
Parada
adelante hay una chica, Mara
Mara:
Hace tiempo que ya hacía el mismo camino. No era el que
más le convenía para volverse del trabajo, porque era muy largo, pero era el
que ya hacía por costumbre. Una costumbre que la tenía atontada, una costumbre
que no le servía. Era parte de algo tonto de lo que no podía escapar y que ya
era una costumbre.
Se desviaba para pasar por la esquina la casa
de su ex novio. Lo seguía haciendo porque ya se había acostumbrado y era ese el
camino para volver a su casa, ya no buscaba encontrárselo. Pero ella sabía que
era mentira porque el camino que seguía haciendo la llevaba a la esquina de la
casa de su ex novio y no importara lo que dijera o lo que se dijera, ella
pasaba por ahí.
No sólo repetía el camino, si no que también
ya sabía perfectamente qué le iba a decir. No podía hacerse la sorprendida,
esto era la vida real, no una película en la que ella iba a quedar como una
torpe tierna y él se iba a derretir y recordar lo que tanto le gustaba. Tenía
que ser directa y hasta confundirlo un poco.
“¿Querés un pucho? Vamos a caminar”
Siempre que se peleaban salían del
departamentito ese en el que vivían y caminaban una vuelta manzana en silencio,
compartiendo un cigarrillo. Después volvían al departamento y recién en ese
momento decidían si querían hablar de algo o querían hacer el amor, o ver una
película o simplemente seguir enojados. Por lo menos decidían detener el tiempo
y después seguir.
Ella quería encontrárselo y detener el tiempo
como cuando estaban juntos. Pero no estaban ya más juntos. Ella no quería estar
con él, quería hacer muchas cosas con él y muchas otras no, como la canción que
le canta Ale Sergi a Andrea Rincón, que le dice que la extraña pero no tanto.
Sin embargo, ella pasaba por su casa porque
era una constumbre tonta y cómoda, porque era mejor esperar por siempre que se
vuelva a detener el tiempo por una casualidad forzosa que hacer un nuevo camino
para volver a su casa.
Era Mayo y era otoño. Qué linda que era la
esquina de su casa cuando era otoño. Caminaban por ahí cuando ella se aburría
de estar encerrada en la casa, en la cama. Cuando era sábado de frío y sol.
Era sábado y no estaba volviendo del trabajo,
pero hacía frío y había sol y se estaba fumando un puchito, estaba pasando por
la esquina de su casa. Se lo encontró. ¿Si no para qué hubiera contado todo
esto?
Se lo encontró y él la encontró a ella. Qué incómodo. Tanto tiempo sembrando
inconscientemente este momento y no quería estar ahí. Prefería estar en el
limbo, en la espera, en la búsqueda de la nada misma que haberse encontrado con
eso que tanto había buscado. Se lo había encontrado y ya después de ese día iba
a tener que dejar su cómoda costumbre.
“¿Querés un pucho? Vamos a caminar”
“Dale”
Abrió la cartera, sacó la caja de Malboro y
se dio cuenta que se acaba de fumar el último. No tenía pucho ni ya podía
volver a detener el tiempo.
Esta es la historia de Vicky. De Vicky y de
su ex novio Marcos.
viernes, 3 de junio de 2016
Tener fe
Envolver el cuerpo, frasco de todo lo otro que no es cuerpo,
entre las sábanas; enredarse en el sueño de no querer nunca salir del nudo que
sin querer se generó entre las piernas y las telas y el colchón que nadie
quiere tocar, porque así nos eseñaron, el colchón no se toca. Como la camiseta
que no se mancha, o como la teta que sí se toca.
Mirarse al espejo, pensar en la idea de reflejo, pensar que
nunca me voy a ver a mí misma. Siempre un reflejo, siempre mediada por un
objeto, por otro, por una mirada, por un lente. La angustia de pensar que tal
vez nunca me conozca.
Entonces, qué yo es más yo.Es una pregunta. El del espejo, el del reflejo sobre
la cuchara, el de los ojos del que me mira con amor, y el que ni siquiera me
mira. Esa también soy yo.
Salir envuelta, con capas, como si fuera una cebolla,
generando un mecanismo que no deje filtrar ni una gota de ese aire frío que es
húmedo y por eso se filtra, porque en el aire hay agua, el aire es agua que se
condensa y toma la forma de gotitas. Como las lágrimas que también son gotitas.
Tal vez adentro del cuerpo también existe el proceso de condensación y el
llorar no es más que eliminar el agua que inhalamos en forma de aire. Como la
serie que veo en la computadora que explica habla sobre astrofísica. Yo vi
Breaking Bad, pero me gusta más la serie de la astrofísica. Tal vez porque
tiene que ver más con las ideas que con la vida real, porque al fin y al cabo,
todo lo que me explicaron sobre el universo es en realidad una teoría que en el
algún momento puede ser refutada por una nueva teoría. Vivimos en una forma de
entender el mundo. Hay otras. La gravedad es una forma de entender el mundo.
Como el psicoanálisis y el padre y la histeria y el Edipo. Ni hablar de la
pregunta constante del ser mujer, porque como no tengo falo, ¿qué tengo?
Es cuestión de tener fé en la ciencia. De tener fé con el
corazón pero desconfiar un poquito, como con las personas, porque la ciencia es
una persona. O al menos es creación de personas, con eso ya me basta.
Porque las amo. A las personas. Amar al ser humano y a cada
uno con su humanidad. Fascinantes somos, tanto que decidimos creerle a
cualquiera que nos explique qué tenemos, qué somos, qué tenemos que hacer.
“Tranquilizate, no te vuelvas loca pensando” Me dicen mucho.
Mejor si me vuelvo loca pensando que por no poder pensar. Me parece. No sé.
sábado, 2 de abril de 2016
Descubrimiento científico
Qué lindo que es que te toquen la espalda, ¿tendremos
botones ahí?
Botones invisibles a los ojos pero evidentes al tacto.
Evidentes porque son parte de esa inteligencia del cuerpo que no podemos
terminar de descifrar. Evidentes en el sentido de la evidencia de aprender a
hablar, a caminar, a besar; el cuerpo sabe y festeja esas obviedades. Algunas
tan obvias que ni siquiera sabíamos que existían, como es el caso de los
botones que tenemos en la espalda que al ser presionados disparan placer. La forma
en la que el placer se manifiesta en el cuerpo puede variar según qué botones
son estimulados, interpelados o simplemente acariciados.
Cuando los botones de la espalda reciben el estímulo
denominado caricia, dentro del cuerpo se activan las glándulas de la ternura
que empiezan a generar mecanismos de deslizamiento que proveen la sensación de
baile lento dentro del organismo, generando así, de esta forma, la sensación de
que el cuerpo deja de ser una entidad biológica para transformarse en una
entidad espiritual, ideal de ese cuerpo
como conjunto de órganos, que se manifiesta físicamente como real. El
cuerpo se transforma y desafía la física, las leyes de lo natural y de lo
comprobado por la ciencia. El cuerpo es una convivencia de realidad orgánica,
material que hasta puede resultar asquerosa junto con la idea más maravillosa,
romántica y alejada de la realidad. Los botones, en la espalda, en el cuerpo,
presionados, desafían los límites de dos mundos que nunca se habían juntado. Pero se encontraron, en el encuentro de dos
cuerpos que se encuentran en la caricia de la espalda, y se encontraron y
construyeron una nueva ley, una nueva física, una nueva ciencia.
sábado, 26 de marzo de 2016
Antes de levantar la persiana y salir de la cama
Abrazada por la música que hizo quien fue un amor de antaño
pero un presente de nostalgia, consumida por los vicios de la noche santa de
nuestra ciudad, interpelada por el sol que no asoma hace días y agotada por un
sueño liviano que no me permite descansar; las posibilidades de acción son
infinitas.
Podría intentar seguir durmiendo pero lograr conseguir la
paz se está volviendo una epopeya que no creo que tenga un final feliz, porque
en realidad no creo en la paz, nunca la ví.
Somos conflicto constante, equilibrio en movimiento, baile
sobre un piso repleto de canicas. Somos la búsqueda de algo que no existe,
somos omnipotentes que buscan perfección.
Nos atrevemos a intentar conseguir algo que no existe, pero creemos que vamos a
ser ese alquimista aún no descubierto que va a lograr conjurar la perfección y
con ella la paz.
Resigné la paz para que mis posibilidades en el contexto de
esta nube que tenemos por sobre nosotros, sean aún más infinitas, tomando el
riesgo de lo que significa la infinitud, la posibilidad constante del “qué
hubiera pasado”, convivir con la duda sobre las otras posibilidades que tienen
este cuerpo, y con este cuerpo esta mente y con esta mente, algo así como el
corazón: órgano reservado para el amor.
Las posibilidades son abrumadoras porque puedo explorar el
mundo desde la ventana de mi computadora o puedo salir del encierro decadente
pero al mismo tiempo placentero del caos que es mi nicho, para recorrer una vez
más las cuadras cerca de mi casa descubriendo un nuevo mundo dentro de un mundo
ya viejo y conocido.
Las posibilidades aumentan aún más cuando creemos que nos
equivocamos porque el error, la equivocación, lo extra (ordinario), el codo
finalmente tirando el tintero, es la génesis de algo nuevo, siempre. El salir
de la norma y encontrarse en el margen te posiciona lejos de donde estabas pero
cerca de una nueva norma.
Que la vida sea un error inocente, un deseo consumado que
genere más deseo, una nueva posibilidad constante, un baile que todavía no se
ha inventado, una travesía de travesuras, una vida con posibilidad de ser
también otras vidas.
lunes, 29 de febrero de 2016
Errores que no sé si quiero cambiar
Tengo que pensar un poquito para saber cuál es la izquierda y cuál la derecha
También para leer la hora en los relojes con agujas
Tampoco tengo claro cuáles son las de grasa y cuáles las de manteca
Pero no tengo vergüenza de preguntar nada de eso
A veces no me acuerdo si el minuto tiene cien segundos y el peso sesenta centavos o era al revés
Era al revés
Nunca voy a aprenderme los pisos donde viven las personas, ni sus números de teléfonos
Perdón, pero no me sé las fechas de cumpleaños
No me sale decir la palabra pañuelo
Ni buñuelo
Ni señuelo
Pero la que más uso es pañuelo, porque soy muy alérgica
A veces me aburro con algunos temas de conversación, por sobre todo las mascotas
Me gusta mucho almorzar helado de McDonalds
Tengo muchas camisas con lunares, un despropósito.
Bailo con las manos, me parece que un poco mal.
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